Recibi un correo de Erick acerca de la situación actual del movimiento estudiantil en la Universidad de El Salvador, escrito por Jesús Rodriguez.
Acá lo comparto con ustedes, es un poco largo pero vale la pena leerlo.
El escenario político en el interior de la Universidad de El Salvador no difiere en nada del teatro político nacional. Su estructura para la toma de decisiones es no menos que una ilusión de democracia. El papel tradicional en una democracia burguesa, aplicada a la realidad universitaria, es que las personas quienes están en órganos de gobierno representan la voluntad política de un grupo importante de la universidad ante las autoridades universitarias; es hacer, se supone, de intermediarios políticos entre órganos de gobierno, autoridades y su sector, es convertir las necesidades (inmediatas o reales) en demandas políticas, negociar soluciones y hacerlas efectivas.
En el contexto interno universitario surgen –por casualidad- distintos y tan diversos movimientos que actúan como partidos políticos tradicionales que pretenden representar las opiniones e intereses de los grupos a los cuales se dicen pertenecer, buscan garantizar que los proyectos y gestiones, una vez son electos a órganos de gobierno (o decanaturas o rectorías) se realicen a favor de sus representados y no en función de las élites (cúpulas, argollas…)
Cuando estos representantes abandonan al sector que los eligió y mas aún al movimiento-partido que los promovió, cuando descuidan su rol de intermediarios y se dedican a congraciarse con favores (becas, pasantías, asignación de cátedras, viajes a Brasil, Cuba, El Majahual, etc.) se inicia un proceso de perversión del sistema de gobierno y pierden credibilidad frente a su sector, llevando al retroceso los logros de lo que realmente significa el co-gobierno[1].
Cualquier movimiento responde a los intereses de sus miembros o de las personas que simpatizan con el. Así, un movimiento u organización de docentes responde al sector docente; un movimiento u organización estudiantil responde al sector estudiantil. Un movimiento sin visión y carente de objetivos políticos es un movimiento fragmentario y no necesariamente organizado; no cuestiona de manera absoluta ni les interesa transformar las estructuras de dominación-sumisión prevalecientes.
El papel de un movimiento político surge del seno y de la discusión de las distintas organizaciones que coinciden en algunos objetivos, fines y principios estratégicos, para que los miembros que llevan como representantes actúen en favor del sector que los eligió, en base a una plataforma programática consensuada que beneficie ya no solo a su sector inmediato, sino con una visión y una apuesta política de universidad a favor de las clases dominadas y explotadas, en la construcción de alternativas de solución a las necesidades de esta clase social.
Por otro lado, que hayan estudiantes representantes ante órganos de gobierno no podría ser suficiente para cumplir con el programa del movimiento estudiantil organizado, si no cuenta con el apoyo de un movimiento estudiantil autónomo que contribuya a crear una correlación de fuerza favorable a la consecución de los fines del programa, que garantice la legitimidad, la justeza de las demandas y promueva una universidad que acompañe a las clases dominadas.
Tanto los representantes en órganos de gobierno como el movimiento estudiantil organizado, deben representar los intereses del estudiantado; sin embargo, en la práctica, los primeros corren el riesgo de ser atrapados por su institucionalidad o pueden (al menos la experiencia así nos muestra) abandonar los intereses que prometieron defender por buscar satisfacer los propios. Y los segundos pueden encontrarse en una situación desfavorable y sin herramientas para hacer valer sus demandas.
Por eso es importante que el movimiento estudiantil organizado no sea simplemente un instrumento para ganar elecciones –o hacer que otros las pierdan- aunque como objetivo táctico sea importante. Las organizaciones estudiantiles no son órgano de gobierno en sí ni para sí y, aunque es uno de sus objetivos, no es el fundamental ni el único.
El movimiento estudiantil organizado puede o debe partir de una alianza estratégica, de acuerdos políticos entre las distintas expresiones organizativas, aunque respetando la autonomía de cada uno de sus integrantes. Puede indicar a los representantes estudiantiles el sentir de los estudiantes, puede incidir que los compañeros colegiados no se desvinculen de los intereses del sector estudiantil. Tiene como rol construir correlación de fuerzas favorables a través de sus distintos métodos de lucha, privilegiando el combate de ideas (y no de ataques personalistas que fulanito aquí, que la menganita allá).
El movimiento estudiantil organizado mantiene una relación permanente de debate y discusión entre sus aliados, pero no puede asumir el rol de representantes ante órganos de gobierno. Es el encargado de la mediación política con el poder formal establecido. El movimiento estudiantil es pluriclasista por su origen: campesina, obrera, pequeño-burgués. Su objetivo político tiende al cambio de cómo se toman las decisiones, no solamente a si las decisiones me benefician o no, sino que al proceso de toma de decisiones, al acceso de los recursos. A una transformación total de las estructuras institucionales.
Los aliados tácticos son aquellos que en un momento dado pueden acompañar la obtención de algunas demandas (por ejemplo un grupo de docentes que compartan la necesidad de apoyar un proyecto pero que no estarían de acuerdo con llevar acabo una evaluación al desempeño docente, pues esto no les favorece).
Se da el caso de un movimiento que nace de y para la coyuntura electoral, integrado por miembros de dos sectores visibles: docentes y estudiantes. Su fin fundamental es “derrotar al enemigo”. Por ser movimiento electoral que mantiene un vínculo entre los sectores que la conforman básicamente para la coyuntura, se desarrolla como una coalición que en nada se compromete para el cumplimiento del programa de ningún sector sino en la satisfacción de sus propias necesidades. No respeta acuerdos y los principios no valen de nada.
Este, por ser un movimiento que a su interior comulgan dos sectores con necesidades distintas (aunque posiblemente no antagónicas), caen en el riesgo que al haber representantes en los órganos de gobierno puedan verse en una situación de conflicto de intereses, pues defienden dos visiones que, como veíamos, pueden en un momento determinado entrar en contradicciones.
Dependiendo de quien es el sector dominante en esa relación de poder, habrá obviamente una correlación de fuerzas favorable o desfavorable, si ese sistema político no realiza una apertura para la participación la democracia es descartada. Es ahí donde se necesita una fuerza capaza de cambiar la correlación. No depende solamente de si el estudiante en órgano de gobierno es conciente o no de los problemas; si no existe un sector ampliamente organizado que le empuje, difícilmente se hagan valer la voz del sector estudiantil.
No significa con esto que el enemigo del sector estudiantil sea el sector docente, no se trata de caer en un reduccionismo de ese tipo, tampoco se trata de quienes son los buenos y quines los malos; sino mas bien en la claridad del proyecto político de universidad que representan y por el cual luchan. Es ahí donde la visión pasa el límite sectorial a una visión mas a favor de las clases dominadas, explotadas, excluidas. Difícil tarea pues ni los docentes ni los estudiantes tienen claro muchas veces su origen de clase. La universidad es el espejismo que empuja a dar el salto mortal a una clase ajena.
[1] El principio de cogobierno alude al gobierno compartido de la universidad por parte de los diferentes sectores de la comunidad universitaria